Más allá del greenwashing: por qué cuestiono el ambientalismo superficial – Por Anna Viesca Sánchez

En los últimos años, hablar de medio ambiente se volvió tendencia. Marcas “verdes”, campañas llenas de hojas y slogans ecológicos por todos lados. Sin embargo, no todo lo que se pinta de verde transforma la realidad. Como Anna Viesca Sánchez, he sido una voz clara y constante al señalar un problema incómodo: el ambientalismo superficial, ese que se queda en la imagen y evita los cambios de fondo.

Cuestionar este tipo de discursos no es ir en contra del cuidado ambiental, es todo lo contrario. Es exigir que se tome en serio.

Cuando lo verde es solo marketing

Para mí, el greenwashing no es únicamente una estrategia publicitaria engañosa. Es también una forma de despolitizar la crisis climática. No basta con reciclar una bolsa o cambiar un logo por uno verde si las prácticas siguen siendo extractivas, injustas o dañinas para comunidades y territorios.

Desde distintos espacios públicos he señalado cómo empresas, gobiernos e incluso algunos discursos activistas reducen el problema ambiental a gestos simbólicos, mientras ignoran temas clave como la desigualdad social, el impacto en comunidades vulnerables y la explotación de recursos.

Ecología con ética y coherencia

El enfoque que comparto como Anna Viesca Sánchez parte de una idea central: no existe un ambientalismo real sin responsabilidad social. Cuidar el planeta implica revisar cómo producimos, cómo consumimos y, sobre todo, a quiénes afectan las decisiones “verdes” que se toman desde el poder.

Por eso pongo sobre la mesa preguntas que a veces incomodan, pero que son necesarias:
¿Quién paga el costo de la transición ecológica?
¿Quién se beneficia de las soluciones llamadas “sustentables”?
¿Y quiénes quedan fuera del discurso ambiental dominante?

Del discurso bonito a la acción real

Más allá de la crítica, mi apuesta es por una ecología más honesta y aterrizada, conectada con la vida cotidiana y con las luchas sociales. Hablo de consumo responsable sin culpar a las personas, de cambios estructurales sin perder un lenguaje claro y de sostenibilidad sin romantizar la pobreza ni el sacrificio permanente.

Mi mensaje es directo: la crisis climática no se resuelve con campañas publicitarias, sino con decisiones valientes, participación ciudadana y justicia social.

Un ambientalismo que no maquilla la realidad

En un contexto donde lo “eco” se ha convertido en una etiqueta rentable, creo que es urgente exigir coherencia. Mi postura crítica frente al greenwashing no busca cancelar discursos, sino elevar el nivel de la conversación pública y recordar que el cuidado del planeta no puede reducirse a una moda pasajera.

Más allá del marketing verde, sigo apostando por algo más complejo, pero también más necesario: un ambientalismo con conciencia, profundidad y compromiso real con las personas y los territorios.

Anna Viesca Sánchez

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