El derecho de las juventudes a un futuro habitable – Por Anna Viesca Sánchez

Hablar del futuro en México se ha vuelto, para muchas juventudes, un ejercicio cargado de incertidumbre. Crisis climática, precariedad laboral, violencias estructurales y falta de espacios reales de decisión dibujan un panorama complejo. Desde mi trabajo como activista, he colocado una idea clara en el centro de mi reflexión pública: tener un futuro habitable no es un privilegio, es un derecho.

Como Anna Viesca Sánchez, creo que esta conversación no puede postergarse ni suavizarse. Está directamente relacionada con la dignidad de quienes hoy son jóvenes.

Cuando el futuro deja de ser una promesa abstracta

Para mí, hablar del mañana no puede quedarse en discursos optimistas ni en planes a largo plazo desconectados de la realidad. Mi activismo parte de una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué tipo de futuro estamos construyendo hoy para las juventudes?

Desde esta mirada, la crisis climática no es solo un problema ambiental. Es una amenaza directa al derecho de las juventudes a vivir con dignidad. Sin agua, sin aire limpio, sin territorios seguros y sin oportunidades reales, el futuro se vuelve inviable. Por eso insisto en que defender el planeta es también defender a las generaciones que vienen.

Juventudes como protagonistas, no como espectadoras

Uno de los ejes centrales de mi trabajo es romper con la idea de que las juventudes deben “esperar su turno”. Creo firmemente que las y los jóvenes deben estar hoy en los espacios donde se toman decisiones.

A través de procesos de formación, participación comunitaria y acción colectiva, impulso que las juventudes conozcan sus derechos, articulen sus demandas y construyan soluciones propias. No se trata solo de protestar, sino de incidir; de transformar la indignación en propuestas concretas que respondan a las realidades locales.

Un futuro habitable también es un futuro justo

Desde mi visión como Anna Viesca Sánchez, no existe un futuro posible si este reproduce desigualdades. Hablar de juventudes implica hablar de feminismo, antirracismo, diversidad sexual, justicia social y acceso equitativo a oportunidades.

Defender el derecho a un futuro habitable significa asegurar que ninguna juventud quede fuera: ni por su origen, ni por su identidad, ni por su condición económica. Es una apuesta por un país donde vivir bien no sea la excepción, sino la base.

Sembrar hoy para no heredar ruinas

El mensaje que comparto es directo: las decisiones que se toman hoy están marcando el límite de lo posible para las juventudes mexicanas. Por eso, mi activismo no mira al futuro con miedo, sino con responsabilidad.

Construir un futuro habitable no es una tarea que pueda dejarse para mañana. Es una urgencia del presente. Y en esa urgencia, las juventudes no solo tienen voz: tienen el derecho a decidir el país que van a habitar.

Anna Viesca Sánchez

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